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Graciela Paraskevaídis:Edgard Varèse y su relación con músicos e intelectuales latinoamericanos de su tiempoAlgunas historias en redondoLos historiógrafos y musicólogos del hemisferio norte se han referido reiteradas veces a las amistades y relaciones de Varèse con personalidades relevantes de Europa y los Estados Unidos de Norteamérica: Claude Debussy, Ferruccio Busoni, Antonin Artaud, Anaïs Nin, Jean Cocteau, Marcel Duchamp, Vladimir Maiakovski, André Malraux, Carlos Salzedo, Henry Cowell, Charles Ives, pero han prestado menos atención a sus vínculos con América Latina, y a sus relaciones y amistades no sólo con compositores sino también con escritores y plásticos latinoamericanos. En el mejor de los casos, estas circunstancias han sido habitualmente subestimadas y relegadas a anécdotas de escaso valor histórico. Una vez más, nos encontramos ante una típica actitud imperial - esta vez de los escribidores y contadores de la historia "universal" de la música (léase nortecéntrica) - en lo concerniente a situaciones periféricas. Desde la periferia entonces, rescato varios ejemplos que podrían echar alguna luz sobre el tema:
Varèse y FabiniLa isla de los ceibos, la segunda obra para orquesta del uruguayo Eduardo Fabini, fue estrenada en Nueva York el 12 de febrero de 1928. Después del concierto, Varèse dedicó a Fabini un espontáneo y entusiasmado elogio escrito en francés en el reverso del menú del restorán Gentner's, donde se brindaba por la exitosa ejecución dirigida por Giuseppe Bamboschek con la orquesta de la Metropolitan Opera. Este documento, conservado en el archivo Eduardo Fabini de la ciudad de Minas, Uruguay, dice así:
No parece verosímil que Varèse alabara tan decididamente a Fabini - el más importante compositor uruguayo de su generación -, sólo por cortesía o paternalismo. Tal vez sus palabras hayan sido inspiradas por el nuevo espíritu de la época - el americanismo musical -, el descubrimiento y la fe en el potencial creativo y en sendas aún no transitadas que llevarían a una nueva música a lo largo y ancho del continente americano [7], un espíritu de la época compartido y estimulado por otros compositores como Henry Cowell y Amadeo Roldán - basta recorrer algunos ejemplos de la correspondencia entre ambos - , por el accionar de algunos directores de orquesta como Nicolás Slonimsky, y musicólogos como el argentino Carlos Vega y el germano-uruguayo Francisco Curt Lange. En este contexto, podría ser de utilidad recordar que tanto La isla de los ceibos (1924/1926) como Campo (1910/1922), la primera obra orquestal de Fabini, fueron las primerísimas músicas de un compositor americano a ser llevadas al surco. La Victor Talking Machine las grabó en discos de 78 rpm el 21 de noviembre de 1927 en Nueva York. Por otra parte, La isla de los ceibos fue estrenada en La Habana el 31 de diciembre de 1933 dirigida por Amadeo Roldán [8], una figura central en la historia de la música de su país y uno de los compositores más significativos de América Latina. Pocos meses antes, Nicolás Slonimsky había estrenado en La Habana Ionisation de Varèse. Varèse y RoldánAlejo Carpentier, quien había escuchado Octandre estrenada por Carlos Chávez en México el 18 de diciembre de 1925, señala [9]:
Carpentier [11] también relata que por aquella época en París Varèse
Y más adelante:
Un éxito inesperado, dado que la música de Varèse presentada en la Europa de comienzos de la década de 1930 encontraba generalmente pequeños públicos y críticos escépticos, por la fuerte oposición que su avanzado lenguaje suscitaba, por ejemplo, frente a las corrientes neoclásicas en boga. Zoila Gómez, la musicóloga cubana lamentablemente fallecida en 1998, nos brinda amplia y útil información sobre Roldán y su música en su excelente libro sobre este compositor. Entre otros muchos, nos ofrece el dato de que Roldán había sido designado director de la sección de las Antillas de la Pan American Association, cuyos secciones restantes eran presididas por Henry Cowell, Carlos Chávez y José André [14]. La suite orquestal de La rebambaramba (1928) de Roldán fue ejecutada en París el 6 de junio de 1931 dirigida por Slonimsky, por esos años un verdadero adalid de la nueva música latinoamericana. Este director menciona que, ante la insistencia y el entusiasmo del público, hubo que bisar uno de los números de La rebambaramba - una música en la que se utilizan seis grupos separados de percusión. Otra obra de Roldán, la Danza negra (1928), una pieza para voz femenina y siete instrumentos (clarinete en si bemol, clarinete en la, dos violas, bongóes, maracas y cencerros) había sido presentada con gran éxito en la Salle Gaveau de París el 23 de abril de 1929, coincidiendo en el mismo programa con el estreno absoluto de Intégrales (1923/1925) de Varèse. Luigi Nono, quien había conocido a Varèse en Darmstadt en 1950, recuerda en una entrevista con Enzo Restagno:
Nono se confunde un poco sobre este punto ya que, según la documentación existente a la fecha, Varèse terminó Ionisation el 13 de noviembre de 1931, Slonimsky la estrenó en Nueva York el 6 de marzo de 1933 e, inmediatamente después, en abril de ese mismo año en La Habana. [16] Según el testimonio del propio Slonimsky,
Las Rítmicas V y VI de Roldán no corrieron la misma suerte que Ionisation. De acuerdo a la información de Zoila Gómez, ellas debieron esperar hasta 1960 para ser estrenadas en su propio país, a un año del triunfo de la Revolución Cubana, bajo la dirección del compositor y musicólogo cubano Argeliers León. Sin embargo, sí parecen haber sido tocadas antes en los Estados Unidos, como se desprende - por ejemplo - del programa de un concierto dirigido por Paul Price el 4 de marzo de 1954 en la School of Music de la Universidad de Illinois y según la información suministrada por Jan Williams, un percusionista estadounidense de larga y reconocida trayectoria, quien además recuerda haber participado como estudiante en alguna que otra ejecución de las Rítmicas V y VI [18]. Según los datos no muy precisos cronológicamente del propio Slonimsky referidos a su estada en La Habana y a las obras que dirigió allí:
Aparentemente, se trataría aquí de la primera estada de Slonimsky en La Habana, en 1931, durante la cual dirigió además obras de Cowell, Ives y Ruggles. Sería verosímil, porque tanto Bembé como todas las Rítmicas de Roldán habían sido compuestas en 1929 y entre 1929 y 1930, respectivamente. Sería menos probable que Slonimsky, quien ya habla del numeroso grupo de percusión utilizado por García Caturla, no hubiera aprovechado para incluir en ese concierto una de las Rítmicas roldanianas para percusión. Tampoco se explicaría que en un concierto de conjuntos grandes hubiera incluido alguna de las Rítmicas anteriores (de la I a la IV), compuestas para un sexteto instrumental. La segunda visita de Slonimsky sería la de abril de 1933 cuando dirigió el estreno cubano (latinoamericano) de Ionisation. Amadeo Roldán compuso las seis Rítmicas entre 1929 y 1930. Las cuatro primeras son para flauta, oboe, clarinete, fagot, corno y piano; la Rítmica V - en tiempo de son - y la Rítmica VI - en tiempo de rumba - son, cronológicamente, las primeras obras para percusión sola pensadas para la sala de conciertos. El instrumental empleado en la Rítmica V, repartido entre once ejecutantes, es: cuatro pares de claves (muy agudas, agudas, graves, muy graves), dos cencerros, quijada, güiro, dos maracas (aguda y grave), dos bongóes (agudo y grave), dos timbales cubanos, tres timbales de orquesta, bombo y marímbula (reemplazada, en su defecto, por contrabajo pizzicato). El instrumental empleado en la Rítmica VI y repartido también entre once ejecutantes, es idéntico y difiere sólo en que, en lugar de cuatro pares de claves, se usan sólo dos (agudas, graves). Varèse afirma en 1931 que
Es claro que no reviste ninguna significación comprobar "quién llegó primero", sino simplemente explicarle al centralismo cultural nortecéntrico - que sí se ha mostrado siempre preocupado por señalarlo - que, a veces, hay cosas que ocurren antes en la periferia que en el ombligo del mundo. Es inconducente entablar una discusión en este sentido. Las Rítmicas V y VI de Amadeo Roldán son las primeras obras de y con percusión en el ámbito de la así llamada música culta o de concierto, sin la descalificación de varios musicólogos mayoritariamente franceses ante el pecado original de "folclorismo" con que las estigmatizaron, esgrimiendo este argumento como fundamental, ya que el cronológico es irreversible. Me pregunto si alguno de esos detractores ha echado siquiera una mirada a las complejas polirritmias de Roldán. Derribemos los prejuicios de anteponer un pensamiento superior, puro, abstracto, para canonizar a Ionisation, un hito irrefutable desde todo punto de vista, que no necesita de ninguna defensa. Recorramos algunas de las argumentaciones: Odile Vivier, una de las biógrafas de Varèse, nos dice que por esos años varios compositores como Bartók, Honegger y el Stravinski del período ruso manifestaron su interés en la utilización del instrumental de percusión y que el
O los comentarios de Fernand Ouellette, uno de los primeros estudiosos de Varèse:
Con argumentos tan arrogantes acerca del folclorismo, tendríamos que, por ejemplo, descalificar varias obras importantes de Béla Bartók y del joven Igor Stravinski, incluida La consagración de la primavera y Les noces. O poner en tela de juicio la validez de utilizar una serie de doce sonidos - ¿música pura? - para componer un vals - ¿música aplicada? ¿impura? - (Schönberg, opus 23, número 5). Una de las formas del vals es peculiar de la tradición vienesa. El son y la rumba son formas peculiares de danzas afrocubanas. Schönberg puede basarse en su propia tradición. Roldán, no. Por otro lado, ¿qué hacemos con los innumerables tangos y ragtimes de compositores como el ya citado Milhaud, quien manoteó para sus obras más de un elemento del rico acervo de la música popular brasileña en tanto secretario de Paul Claudel, embajador francés en Rio de Janeiro, o como Hindemith, Weill y el propio Stravinski, ejemplos que afloran en la década del 1920 y 1930 en Europa? Sobre el mismo tema de la controvertida paternidad, aclara Georges Charbonnier siguiendo las huellas de Fernand Ouellette y copiando literalmente parte de su texto:
Vivier explica [24]:
como también vimos que lo corrobora Carpentier [25]. Vivier cuenta que Varèse le dice: "De todos modos, yo sé que soy realmente el primero en haber compuesto obras para percusión sola" [26]. Esto no parece ni muy verosímil ni muy convincente. Parece, más bien, el deseo de la biógrafa de hacérselo decir. Por último, no es del todo cierto que en 1920 y 1930 no había oportunidades en la cosmopolita París de escuchar las músicas de Asia y del Lejano Oriente. Ya a partir de la Exposición Universal de 1889, en la que Debussy descubrió fascinado el gamelán y otras maravillas, estas músicas - "extraeuropeas", "primitivas" o "etnológicas" según las etiquetas musicólogicas de turno - no eran tan desconocidas. También parece evidente que Varèse se mostró más interesado en la música de América Latina que en la de Asia. Echemos una ojeada, por curiosidad, al instrumental no-europeo de Ionisation: bongóes, maracas, cencerros, claves, güiros. En ninguna de las obras varesianas precedentes hay una presencia tan clara y notoria de instrumentos de percusión afrocaribeños. Varèse los saca de su origen y contexto habitual ("folclórico"). En tanto él mismo es parte de este origen y contexto, Roldán compone una música autónoma. Por otro lado, volvemos a otro aspecto del espíritu de la época. No es necesario hacer hincapié en el hecho de que el siglo XX europeo desde sus albores descubre las complejas músicas de los pueblos que considera "primitivos", y de que el ritmo - durante siglos de música occidental sólo la resultante accidental de lo armónico-melódico - pasa a ser parámetro esencial y estructural, a pesar de su origen "no-europeo". Otro hecho muy destacable, característico de la década de 1930, es la difusión contemporánea de las obras de compositores indistintamente europeos o latinoamericanos y su integración en conciertos que tienen lugar en París, Nueva York, ciudad de México, La Habana, San Pablo o Buenos Aires. Esto no ocurrirá con la misma frecuencia en la década de 1940. Ni - salvo algunas excepciones - en las sucesivas. En América Latina, la década de 1930 presenta una enorme y diversa complejidad política y por ende cultural con, por ejemplo, el gobierno progresista de Lázaro Cárdenas en México, la así llamada década infame en la Argentina, o el populismo demagógico de Getúlio Vargas en Brasil, instancias ideológicas que - de una u otra manera - se abocaron a la construcción de una imagen nacional propia. Según los casos, surgieron también contramodelos musicales como los representados por el accionar del Grupo Musica Viva fundado en Rio y San Pablo por Hans-Joachim Koellreutter y por el de la Agrupación Nueva Música impulsada por Juan Carlos Paz en Buenos Aires. Las controversias sobre Ionisation y las Rítmicas han continuado hasta años más recientes también en los EEUU, haciendo hincapié desde distintas lecturas a tal o cual de las excelencias de aquélla, para salvaguardar su calidad de "primera". Mientras que Makis Solomos, un musicólogo de origen griego residente en Francia, escribe en 1995 que
Varèse por José AndréMéxico y Cuba son los países en los que la música de Varèse se escuchó tempranamente gracias al constante fluir de directores y músicos de y hacia los Estados Unidos de América. Lamentablemente, no ha ocurrido lo mismo en los países del sureste de América del Sur (Argentina y Uruguay), en los que Varèse fue una especie de referencia insoslayable para algunos compositores de la generación joven en 1960, aunque su música apenas se oía en las salas de conciertos y era muy difícil acceder a grabaciones. Es interesante recorrer una entrevista periodística realizada en París en marzo de 1930 por el ya nombrado compositor argentino José André [28] y publicada en La Nación de Buenos Aires [29]. En esta entrevista, Varèse no sólo se explaya sobre sus ideas radicales acerca de la música de vanguardia, y explica el uso y la organización del espacio, de la microtonalidad y de los instrumentos eléctricos a los efectos de ampliar infinitamente los recursos sonoros, sino que también cuenta que, en esos momentos, está poniendo música a un poema de Alejo Carpentier - Canción de la niña enferma de fiebres - para soprano y orquesta. Además, dice estar trabajando con el mismo poeta cubano en un "milagro" que se llamará The one all alone. Carpentier, quien ya había publicado un artículo sobre Varèse [30] también se refiere a esta colaboración con Varèse para la música de su obra de teatro [31]. En la última parte de la entrevista con José André, Varèse hace severas críticas primero al neoclasicismo:
Esta declaración es sorprendente si recordamos la actitud admirativa de Varèse hacia músicos latinoamericanos como Fabini, Revueltas y Roldán, todos los cuales nutren sus músicas en los más diversos elementos de sus propias raíces musicales y culturales. Pero Varèse no menciona ningún nombre en particular. Podría especularse acerca de si este comentario sinceramente indignado no quiso ser la respuesta indirecta a la tan ingeniosa como arrogante frase de su amigo de París, el brasileño Villa-Lobos, quien por esos años declaraba: "El folclore soy yo". El musicólogo argentino Omar Corrado aporta una reflexión esclarecedora sobre este punto:
Varèse por Gyula KosiceEn 1959, el escultor y escritor Gyula Kosice, uno de los principales animadores del movimiento Madi de arte abstracto en Buenos Aires, publicó un libro bilingüe (castellano/francés) - cuyo prólogo firma Herbert Read - incluyendo entrevistas a personalidades artísticas relevantes tales como Arp, Aragon, Le Corbusier, Varèse y Tzara. Kosice había conocido a Varèse en 1958 en ocasión de la Exposición Internacional de Bruselas, lugar en el que Varèse presentara su Poema electrónico. El texto publicado es un resumen de varias conversaciones que ellos mantuvieron en Bruselas y luego en París. Varèse recuerda:
Sobre el creador mismo, Varèse es enfático:
Varèse y Juan Carlos PazVarèse, el hombre que rechazó la Legión de honor, que admiraba a Lenin y detestaba a Gurdjief, que dirigió masivos coros obreros, que actuó en un película de John Barrymore, que organizó ayuda para los republicanos españoles, que sufrió profundas depresiones, que soñó con nuevas combinaciones sonoras y nuevas formas de producirlas, que apoyó la música latinoamericana a través de la Pan American Association of Composers, que fue como docente a Darmstadt en 1950 e influyó sobre algunos de los más jóvenes compositores de la posguerra europea, se convirtió en una figura legendaria del siglo XX. Una figura de culto, como se ha dado en denominar últimamente a algunos creadores, lo que no hubiera seguramente contado con la aprobación de Varèse. Tampoco con la del iconoclasta Juan Carlos Paz [36], de profesión "dudante", quien homenajea a Varèse dedicándole el quinto movimiento de su Continuidad 1960, una obra para orquesta, estrenada por Lorin Maazel en Berlín en 1961. El ya aludido Omar Corrado, también estudioso de la obra de Paz, señala que
Corrado agrega que otra de las obras de Paz - Concreción 64 - también cuenta "con inequívocas referencias al lenguaje varesiano". Paz, siempre polémico e implacable en sus críticas, nunca retaceó admiradas menciones ni sinceros elogios para Varèse a lo largo de las dos ediciones de su "Introducción a la música de nuestro tiempo":
Lo mismo sucede en las "Memorias". En el primer volumen de éstas, Paz registra la muerte de Varèse a tres días de ocurrida:
Y en el segundo volumen, narra con emotivo respeto y admiración su visita a Varèse a mediados de 1965 en Nueva York. Tal vez Paz se sintiera personalmente identificado con la soledad de un creador defendiendo sus principios éticos y su dignidad frente "al autobombo" [40]. En los inicios de la década de 1960, tres compositores argentinos - Eduardo Bértola, Mariano Etkin y Graciela Paraskevaídis - descubrieron el prodigioso mundo varesiano y sus desafíos creativos. Cada uno de ellos los incorporó y elaboró a su manera, sin que, obviamente, Varèse llegara a saberlo. Pero éste podría ser otro capítulo de estas historias en redondo. © 2001 by Graciela Paraskevaídis Publicado en: Revista Musical Chilena, Nº 198, julio-diciembre de 2002, pp. 7-20.
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