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Violeta Hemsy de Gainza:La educación musical superior en Latinoamérica y Europa latina durante el siglo XXRealidad y perspectivas
El Conservatorio: un modelo tradicional
Podría decirse que el nivel superior de la educación musical no experimentó en nuestros países, a lo largo del siglo que se terminó, reformas sustantivas. A partir del establecimiento y la consolidación del modelo institucional del conservatorio (los primeros fueron fundados en Italia durante el siglo XVI), y luego de la creación del Conservatorio de París (1795), éste es transforma en el paradigma monopólico para la formación profesional de los músicos. A lo largo del siglo XIX, en diferentes países europeos, y en forma correlativa en algunas de las grandes capitales del nuevo mundo, se ponen en vigencia las estructuras musicales, programas, repertorios y textos que irradian los principales centros, constituyéndose así en el punto de referencia básico respecto de la calidad y el alcance de la enseñanza musical que imparten las instituciones educativas.
La oferta de formación musical de los conservatorios estuvo siempre dirigida a un número limitado de alumnos, seleccionados en base a sus aptitudes musicales: oído, afinación, sentido del ritmo, cualidades vocales para el canto, destreza manual para la ejecución instrumental, memoria musical, facilidad para la lectura musical, etc. Habría que sumarles, a las condiciones explicitadas por las instituciones convocantes, ciertas características de personalidad del candidato que le permitirían complementar por sí mismo lo ofrecido por el sistema. El objetivo central del modelo-conservatorio consistió, entonces, en transmitir conocimientos musicales y capacitar a los alumnos para desempeñarse como solistas, músicos de orquesta o de cámara, acompañantes o profesores. El porcentaje mayor de quienes lograron sobrevivir a una extensa y ardua carrera de obstáculos estuvo, sin embargo, destinado a cubrir las plazas de maestros y profesores de música en los diferentes niveles del sistema educativo, desde las escuelas primarias hasta el nivel terciario, o sea los conservatorios donde ellos mismos se formaron. En términos generales, la capacitación básica ofrecida por los conservatorios hasta la actualidad incluye:
A pesar de los detallados programas de enseñanza que rigen en los conservatorios, hay que destacar que en estas instituciones queda a cargo de los alumnos más talentosos la realización de un sinnúmero de tareas esenciales relacionadas, por ejemplo, con la comprensión de las estructuras musicales, el conocimiento de los principios que sustentan los diferentes códigos, los mecanismos profundos del funcionamiento auditivo, la génesis de la sensibilidad musical, etc.
Como decíamos, la propuesta educativa del conservatorio, la máxima institución de formación musical durante los siglos XIX y XX en nuestras latitudes, curiosamente, no se ha modificado a lo largo de una época signada por transformaciones realmente extraordinarias que han incidido en la manera de ser, de pensar y de comunicarse con la gente, en el ritmo de la vida cotidiana, en el uso y la distribución del tiempo libre, el estudio y el trabajo, en las apetencias musicales de niños y jóvenes, etc., hechos éstos que determinan cambios esenciales en la función del arte en la sociedad. Aquel estudiante que dócilmente se plegaba a la propuesta musical-institucional del conservatorio de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX hoy podría ser catalogado por sus pares como un ser inadaptado, alguien que vive al margen de las reglas de juego de la sociedad actual, con todos los pros y contras de lo que eso pueda significar. Porque es sabido que la educación, que definiéramos en un documento publicado por el CIM (Consejo Iberoamericano de la Música, 1994) como una "herramienta operativa para el cambio social" (Gainza, 1995; La transmisión...) [1], no puede permanecer al margen de los cambios generalizados que se registran a nivel de:
La transformación educativa y el modelo curricular¿Cómo se llevan a cabo en la actualidad las reformas en el sistema educativo general y musical? En nuestros países, la tendencia general ha consistido en modificar los planes y programas de la educación musical, como etapa inmediatamente posterior al establecimiento de las estructuras organizativas contempladas en las nuevas leyes de educación. Esta instancia técnico-burocrática, en la mayoría de los casos, ha monopolizado los magros recursos económicos disponibles, provocando la postergación de algunos aspectos clave del cambio educativo, tales como:
En mi opinión, la propuesta curricular organizada en torno a ejes que remiten a los elementos o estructuras de la música, antes que una meta o programa de acción para desarrollar con los alumnos, debería considerarse más bien como el referente conceptual que, a modo de un "menú" informático, todo músico - especialmente todo maestro - debería tener incorporado a su propio "disco rígido", una herramienta de trabajo que le permita programar y articular creativamente sus intervenciones pedagógicas. Para que la enseñanza de la música pueda llegar a experimentar una transformación verdadera, las autoridades educativas deberían preocuparse por promover cambios esenciales en la mente de los profesores que tienen a su cargo la formación de los futuros músicos o educadores. Si el maestro no comprende e incorpora el sentido e importancia de las actividades creativas, ¿cómo podrá despertar el espíritu de creatividad en sus alumnos? Si no ha logrado captar la esencia del autoaprendizaje, ¿cómo movilizará a los estudiantes en torno a lo que hoy, a menudo asépticamernte, se denomina la "construcción" de los aprendizajes? Si no ha sido musicalizado mediante una práctica personal creativa y consciente, si el hacer, el sentir y el pensar musical no conforman para él un corpus integrado de experiencias y conocimientos, ¿qué tendrá para comunicar a sus alumnos?, ¿cómo les enseñará?, ¿cómo se conectará musicalmente con ellos? Respecto de las reformas educativas, expresa Elliot W. Eisner:
La negligencia que se observa en el nivel superior de la educación musical cuenta, entre sus causas, un antiguo y arraigado mito que otorga a la música cualidades absolutas en tanto objeto estético ideal, propiedad de unos pocos privilegiados (los musicalmente dotados), objeto trascendente y autónomo respecto de cualquier tipo de intervención humana y, por lo tanto, de la acción pedagógica. (Ninguna enseñanza puede modificar lo que la naturaleza ha instituido.) Tal actitud parecería expresar: "La educación musical - o, mejor dicho, la música - está bien y puede continuar así ...", es decir, siendo autoritaria, rígida, mecanizada, exterior, desactualizada. Como nadie se muere de "musiquitis" por causa de una deficiente educación musical, ¿qué urgencia hay por introducir reformas en la educación musical que imparten los conservatorios? ... ¡Por algo éstos han llegado a ser reducto privilegiado de la resistencia al cambio! Aunque algunos profesores que ingresan al cuerpo docente de estas instituciones introduzcan últimamente ciertos cambios pedagógicos (nuevos lenguajes, nuevos estilos, nuevas técnicas de enseñanza), a partir de lo que ellos mismos han aprendido frecuentando los círculos musicales alternativos, esto no alcanza para desarticular la rigidez monolítica del sistema pedagógico vigente ni para otorgarle una necesaria y renovada coherencia. Sobre la dinámica y la dialéctica que rigen el proyecto educativo dice Paulo Freire:
Perfil básico del músico profesionalJohn Paynter (1944), en un ensayo publicado por la Asociación Australiana de Educación Musical, expresa:
En la formación del músico profesional, hoy confluyen diferentes aspectos de tres vertientes básicas y complementarias: a) Aspectos técnico-musicales
b) Aspectos culturales
c) Aspectos psicopedagógicos La formación psicopedagógica, que concierne específicamente a los futuros educadores musicales, comprende una serie de capacidades. A saber:
La situación actualEl nivel superior de la formación musical, cuya actualización, como ya lo expresamos, ha venido siendo severamente postergada en nuestros países a lo largo del siglo XX, comienza ahora a ser visualizado como el resorte clave del cambio educativo, el estamento que faltaría tocar para concretar el deseado aggiornamento de la enseñanza musical en todos los niveles.
Los métodos "modernos" de educación musical (Dalcroze, Willems, Orff, Kodaly, Suzuki, Schafer, etc.) realizaron decisivos aportes a lo largo del siglo XX, pero su efecto se circunscribió principalmente a los niveles iniciales de la educación musical, tanto dentro del sistema educativo general (enseñanza pública y privada) como en el de la enseñanza artística y musical. (Por tal motivo, el siglo que acaba de pasar, bien podría ser llamado "el siglo de la iniciación musical"). Al quedar al margen de las propuestas más actualizadas, la educación musical superior se convierte en la traba que desde hace décadas bloquea la posibilidad de una saludable retroalimentación dentro del sistema educativo. Es en el nivel superior - donde se forman los especialistas, incluidos los pedagogos y los educadores de todos los niveles y especialidades - donde deberían generarse los movimientos de transformación educativa y, por ende, los materiales, recursos y estrategias que aseguren la autonomía y la continuidad del campo total de la especialidad, que abarca los estudios artísticos y musicales. Las transformaciones educativas deberían realizarse simultáneamente desde abajo hacia arriba y desde arriba hacia abajo, focalizando al mismo tiempo tanto los andamios y estructuras del sistema educativo como los materiales y contenidos; orientarse desde la música hacia la cultura, pero también en el sentido opuesto. Y esto es urgente si queremos rescatar la música de la inapropiada situación de objeto mágico en la que ha sido equivocadamente colocada por algunos, y restituirle la posición de privilegio, que nunca debió perder, en el ámbito de la gestión cultural y educativa. Música y universidadPara responder al perfil profesional que exigen las transformaciones operadas en la sociedad durante la segunda mitad del siglo XX, las instituciones de formación musical del nivel superior deberían ofrecer a los futuros músicos:
Consideramos saludable y oportuna la tendencia creciente a integrar la formación musical de nivel universitario con el ciclo superior del conservatorio, ya que los estudios universitarios contemplan la necesidad de estructuras curriculares más flexibles e incluyen materias teóricas generales (epistemología, historia de la cultura, bases de la investigación, etc.), así como una serie de disciplinas optativas que todos los estudiantes necesitan conocer en la actualidad. Los cursos universitarios de pre y posgrado en música, dependientes en su mayor parte de las facultades de arte y pedagógicas, que forman especialistas en interpretación, dirección, pedagogía y composición musical, en general tienden a poner el acento en la investigación musical y pedagógica, en los estudios teóricos y técnico-musicales de tipo musicológico, y en la promoción de nuevas carreras musicales, tales como ingeniería sonora, audiovisión, música para cine y publicidad, musicoterapia, etc. Esta política de integración contribuirá seguramente a otorgar a la educación musical el nivel de coherencia necesario para constituirse en plataforma de un cambio profundo en el sistema, que involucre los diferentes aspectos y las dimensiones esenciales de la problemática pedagógica en la actualidad. Reflexiones finales El progreso y el afianzamiento de los procesos educativo-musicales en la actualidad requiere que se brinden a los alumnos suficientes oportunidades para desarrollar dos aspectos que consideramos básicos y complementarios para el aprendizaje de la música. Nos referimos a la necesidad de aportar, por un lado, un nivel más profundo de conciencia respecto de las acciones e intervenciones musicales, y por otro, una mayor cuota de creatividad y participación en el propio aprendizaje. Esto significa que cualquier alumno (de cualquier edad, de cualquier nivel de la enseñanza), al cantar, tocar instrumentos. dirigir, componer música, etc., debería ser capaz de comprender, describir, explicar - de un modo correlativo al nivel de sus estudios - los rasgos esenciales tanto de la música que ejecuta como de la que escucha. Ese mismo alumno debería poder, además, improvisar creativamente a partir de los materiales y las estructuras de la música que él mismo interpreta. La formación del músico profesional tendría que ser enfocada con el nivel de actualización y la rigurosidad conceptual y técnica que rigen en las diferentes áreas del conocimiento, sin dejar de lado los principios esenciales de la formación musical y artística, y proveyendo oportunidades para el desarrollo sensible y creativo de los estudiantes a través de la experimentación directa con los materiales sonoros. Para que los profesores estén en condiciones de conectar a sus alumnos con las experiencias musicales básicas, ellos mismos deberían haber pasado a través de éstas en forma individual y grupal. El nivel superior de la enseñanza musical se transformaría de este modo en un taller permanente de investigación y experimentación musical y humana. © 1999, Violeta Hemsy de Gainza Trabajo escrito por encargo de la revista de música Doce notas, monográfico Educación, Nº 3, junio de 1999, Madrid. Y en: Violeta Hemsy de Gainza: Pedagogía musical. Dos décadas de pensamiento y acción educativa. Lumen, Buenos Aires, 2002.
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